
¿¿Me entendiste bien? ¿preguntó mi papá golpeando la mesa con la mano abierta. ¿Sí, pero te quiero hacer una pregunta ¿dijo retrocediendo unos pasos, por las dudas¿: ¿Por qué no puedo decir malas palabras si todo el mundo las dice? ¿Porque yo te lo digo, y punto. Mi papá es psicólogo, pero es bastante despierto. Se da cuenta en seguida cuando quiero hacerle perder tiempo. Lamentablemente, el asunto no es tan fácil como a él le parece. Mis amigos dicen malas palabras y yo quedo como un estúpido si no aporto lo mío¿ Un niño con un proyecto lingüístico que se enfrenta al dilema de las malas palabras: quién las usa, quién no, cuándo, cómo, de qué manera. La autora resuelve maravillosamente el tema de la mano el humor y por supuesto, de las palabras, de las "buenas" y de las "malas".







