
A principios de la década de 1830, tras décadas de relativa paz, los mexicanos del norte y los indios a los que llamaban "los bárbaros" entraron en un aterrador ciclo de violencia. Durante los quince años siguientes, debido en parte a los cambios desencadenados por la expansión americana, los guerreros indios lanzaron ataques devastadores a lo largo de diez estados mexicanos. Incursiones y contraincursiones se cobraron miles de vidas, arruinaron gran parte de la economía del norte de México, despoblaron sus campos y dejaron "desiertos" artificiales en lugar de prósperos asentamientos. Igualmente importante fue el hecho de que esta vasta guerra interétnica sirvió de base y envalentonó los argumentos estadounidenses a favor de la toma del territorio mexicano, al tiempo que dejó a los mexicanos del norte demasiado divididos, exhaustos y distraídos como para resistir la invasión estadounidense y su posterior ocupación.












