
Si en Nunca fuimos modernos Latour hablaba de una antropología simétrica, en esta obra se propone describir, desde la antropología, un “frente de modernización” irreversible. Para señalar los valores múltiples y contradictorios que atañen a los autodenominados “modernos” es necesario, primero, aceptar que existen múltiples órdenes de verdad, múltiples tipos de razón, múltiples modos de existencia, cuyas condiciones de felicidad e infelicidad deberán ser establecidas con cuidado por el investigador. Podemos, ahora sí, revisitar el corazón de nuestra vida colectiva: las ciencias, la técnica, pero también el derecho, la religión, la política y, por supuesto, la economía, esa “segunda naturaleza”, la más extraña y etnocéntrica de todas las producciones humanas. Antes de que la modernidad concluya, es necesario preguntarse: ¿Qué nos ha ocurrido?, ¿de qué somos herederos?, ¿qué nos es propio? Las respuestas a estos interrogantes resultan fundamentales en un mundo en el que las crisis económicas obligan a todas las sociedades a repensar lo que tienen en común.







