
Los cuentos de Tali Goldman están hechos de llamadas telefónicas, mails enviados desde casillas ajenas, charlas que tratan de acortar la distancia pero solo logran subrayarla, pepinos susurrados en secreto y tortas de naranjas que pasan de mano en mano y terminan volviéndose la piedra basal de una vida. Son cuentos llenos de humor y picardía, cuentos que se permiten de tanto en tanto ser un poco irónicos y que, definitivamente, no le temen a la ternura y la melancolía. No es fácil sacarle filo a la púa límpida y agridulce con que estos cuentos pinchan al mismo tiempo que arrancan una sonrisa: Tali lo logra con total maestría.












