
En la década de 1910, Raúl Grigera alcanzó la fama como un audaz dandy afroporteño, un seductor ícono de la noche bohemia de Buenos Aires. Valiéndose de sus encantos y talentos, Raúl se impuso como el personaje principal de decenas de notas periodísticas, poemas, obras de teatro y letras de tango. Posó para fotografías, se convirtió en el protagonista de la primera historieta argentina y apareció en las primeras películas mudas. A medida que las historias se multiplicaban, "el negro Raúl" se convertía en algo inusual, una celebridad afroargentina. Una leyenda negra.
Fue una fama que nunca estuvo libre del racismo que abundaba en la sociedad argentina. En pocos años, Raúl cayó preso de narrativas raciales que lo catalogaron como una rareza en la nación "blanca": un afroargentino arrogante que se atrevió a demasiado y que estaba condenado a caer en la miseria, la desesperación y el olvido. Y entonces la realidad imitó a la ficción: las historias difamatorias sobre el personaje de "el negro Raúl" encauzaron su trayectoria vital hacia esos pocos desenlaces escabrosos que los narradores imaginaban para él.



