
NADIE NACERÁ EN NOVIEMBRE
A fines de los noventa, Julia vive en una intensidad constante: noches de sexo y consumo, días sostenidos a duras penas entre trabajos precarios y vínculos frágiles. La cocaína y la deriva marcan el ritmo de una vida que avanza sin pausa, entre deci siones urgentes y cuerpos que aparecen y desaparecen. En ese movimiento vertiginoso, las pérdidas irrumpen como golpes -del cuerpo, de los otros, de sí misma- y se acumulan sin tiempo para ser nombradas. Amistades que se rompen, muertes que se encadenan, intentos de construir algo estable que siempre parecen fallar: Julia sigue, incluso cuando todo indica que debería detenerse.












