
Ocho años después de encontrarse por pura casualidad con Víctor Roda en una librería, y todo lo que siguió después, Juanse Navarro mantiene la extraña adicción de estar en un tiempo que no es el suyo. La lectura previa de El Dispositivo King no deja de ser conveniente. Como no se puede obligar a nadie, se opta por un repaso somero para facilitar la continuidad, ya que Tiempos desconcertantes es la continuación de una saga con pretensiones de trilogía. Ahí la cosa iba de zamparse al pasado apelando al procedimiento sugerido por Stephen King en 22/11/63. Ahora apunta al futuro y, en este caso, el relato es poliédrico, como lo es toda realidad. La misma historia desde diferentes perspectivas. En la última parte, se cuela una posible deconstrucción de lo anterior, e insinúa un posible delirio del protagonista. El lector puede optar por lo que más le convenza. El desaguisado en que se ha convertido nuestra historia reciente local y global torna conjetural todo intento de pronosticar el devenir y, por muy bien entendido que tengamos el presente, toda extrapolación corre el riesgo de quedar en ridículo en vista del devenir actual. El pasado está cerrado, y el futuro está abierto a infinitas posibilidades.Puede que asumir esa contradicción no pase de una especie de exorcismo. El presente duele. De todos modos, el derecho de cualquiera a fantasear a gusto e inferir en qué puede terminar la historia de la humanidad no se cancela, por muy desconcertantes que resulten nuestros tiempos


