
¿Cuál es el papel adecuado de los tribunales en un Estado de Derecho? ¿Pueden reemplazar o corregir las decisiones de las legislaturas; integradas por personas elegidas por el voto de las mayorías? ¿Deberían compartir con el Congreso la potestad de interpretar las leyes? Dicho de otro modo; ¿quién debería tener la última palabra en la traducción de la Constitución y las leyes a la vida cotidiana?
En este libro de extraordinaria influencia; que renovó de raíz el pensamiento jurídico contemporáneo; Mark Tushnet despliega los efectos positivos de un papel más débil por parte del Poder Judicial; un sistema en el que los legisladores y los funcionarios del Poder Ejecutivo participen abiertamente en la interpretación constitucional. Postula; además; una concepción más fuerte de los derechos sociales y económicos; que deberían quedar bajo la custodia activa de todas las ramas de gobierno (en primer lugar; las ramas políticas).











