
Como tomando notas en un diario de viaje, Mamerto Menapace parte en busca de otros y propios a través de estas cartas, cual peregrino que registra señales para los hombres del presente. Rezuma reflexión a cada paso, en cada surco, como labra los campos de su monasterio interior en movimiento. Se trata de apuntes germinales de futuro, en dirección a una síntesis: su estar en el mundo, con Dios como centralidad. Desde España, J. A. Solórzano escribe: ¿Seguro es que su palabra y sus textos nos van a hacer de guía suave para adentrarnos con amor un poco más en nosotros mismos, tal vez porque sabe con Saint-Exupèry que ¿quizá el amor no sea otra cosa que el proceso de dirigir al otro gentilmente hacia sí mismo". Es el misterio de la interioridad por el que los monjes, cuando son verdaderos contemplativos-activos del misterio, saben guiarnos. Estoy seguro de que sus escritos nos van a proporcionar la suficiente dosis de paz como para poder seguir mirando al cielo e ir vislumbrando algo de esa plenitud que nos está reservada.












